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Construcción de la Felicidad: Reflexiones y Desafíos

La felicidad es un camino personal ? A muchos les puede parecer una superficialidad el planteo y no lo ven siquiera como algo posible. Muchos tienden a relacionar más la felicidad con el tener que con el ser. Cuando finalmente tienen, se decepcionan. No sienten el prometido gozo y se frustran.

El planteo puede resultar bastante superficial. si no se toma la felicidad como una cuestión de actitud. Es que la felicidad es una construcción, un proceso individual, un camino, no una meta.La felicidad requiere e implica una cuestión de actitud y en ese sentido es posible.

Una felicidad posible

Empiezo por definir “ser feliz”. Para mí, primero y fundamentalmente, la felicidad es personal y única. Es una combinación armónica entre lo que siento, lo que pienso y lo que hago. Es una construcción diaria ya que requiere una coherencia interior.

Hay diferencias importantes entre felicidad y alegría La difenrencia escencial radica en su duración e importancia. La alegría es un estado pasajero; es sinónimo de júbilo, bienestar y gozo. Nos alegra un recital, un premio, un logro. La felicidad es más profunda. La alegría es discontinua; tiene pico

La felicidad es personal. No hay una felicidad predeterminada ni dónde ir a comprarla. No hay recetas mágicas para ser feliz. Requiere armonía, equilibrio, metas posibles y mucha tolerancia a la frustración. La felicidad también implica reconocer límites y carencias. Hay tantas felicidades como personas en el mundo. La felicidad es un camino, no una llegada. Es una construcción y búsqueda.

Cuando pienso en la felicidad, me surgieron recuerdos infantiles. Como niña fui libre de toda responsabilidad y preocupaciones. Tengo recuerdos de preciosos, momentos divertidos compartidos con mis hermanos e infinidad de travesuras.Parte de la construcción de mi felicidad consiste en celebrar las pequeñas cosas. También implica utilizar la imaginación

Se educa para ser feliz

A ser feliz no se llega por generación espontánea. A diferencia de los animales, la reflexión y la conciencia de uno mismo interrumpen el instinto. Esta característica es exclusivamente humana. Debido a esto, la felicidad en humanos no está predeterminada biológicamente.

El camino a la construcción de la felicidad se educa desde la primera infancia. Nuestros padres, maestros o cuidadores nos pueden enseñar el proceso de construir una vida feliz. El niño aprende por imitación. Cuando nos trasmiten afecto, nos dan entidad y valoración. Nos sentimos mirados. Recibimos aceptación. Nos sentimos felices. Ahí descubrimos que la felicidad también depende de la mirada y de la interacción con otro.

La otra persona juega un rol esencial en nuestra construcción de la felicidad. El otro que nos acepta y nos ama nos muestra la importancia de los vínculos. También se alegra con nuestros logros. Estos vínculos nos ayudan a alcanzar este objetivo. Aprendemos del ser amado. Le enseñamos al ser amado. A través del lugar que le damos en nuestra vida, mostramos que su vida es significativa en la nuestra. Esto nos devuelve valor a nuestra vida. Otra vez, eso favorece la construcción de nuestra propia felicidad.

La felicidad se contagia. Ver a un ser querido feliz nos genera una gran alegría. Esto colabora en nuestro propio camino de construcción de felicidad. Colaborar en que el otro, el ser querido pueda alegrarse, nos nutre y también tiene un efecto directo en nosotros. Cabe entonces resaltar lo imprescindible de la relación con otro para la construcción de una felicidad posible.

Nos enseñan a tolerar obstáculos y dolores. Aprendemos a caernos y levantarnos. Entonces descubrimos que la felicidad debe ser construida con nuestras limitaciones. No se trata de ignorar potenciales frustraciones. Insisto en esto. Se debe enseñar al niño a enfrentarlas y tomarlas como parte del proceso de la vida.

El aprender a ser feliz es un ejercicio permanente.

Pero, a su vez, aprender a ser feliz es un ejercicio permanente. En cada etapa de la vida los desafíos cambian y tenemos que volver a formular nuestro proceso. Es un continuo replanteo. Es encontrarnos con variables que no teníamos en cuenta o dificultades que no estábamos preparados para enfrentar.  

El humor ayuda en el proceso. Tener la capacidad de reírse de uno mismo es importante. Reírse de nuestros defectos, desaciertos y errores favorece enormemente la aceptación de uno mismo. Por ende, colabora en el proceso de construcción de la propia felicidad.

La felicidad es un trayecto

En síntesis, la felicidad no es un punto de llegada, una meta alcanzada, aunque eso no nos agrade. La felicidad es un trayecto, es un armado personal.

 

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